SYNOPSIS

Filmmaker Jo Sol is evicted from the house where he was born and in which he stored an unpublished audiovisual archive, shot by himself around the world for nearly 30 years.

What to do with those images, linked to memories of a life that no longer exists?

This uprooting process forces him to contemplate the status of the images, audiovisual language, the fragility of memory and the relentless persistence of visual memories.

The constant reference to masters, such as Chris Marker and Guy Debord, inspires a voice-over loaded with a deep political and existential outlook.

DIRECTOR’S STATEMENT

Every trip should be a journey to the truth. An inner truth, reflected by the image of an unknown world, exalted by the empathy towards a strange and common humanity at the same time.

In the current digital age, the traveler has lost the essence of every trip: being a stranger in another’s land.

In a similar way, the images have been degraded to such a point that they have been reduced to a reflection of the spectacle.

As a documentary filmaker I have lived with the anguish of this disturbing paradox. In this project, constructed with my own material, I found myself obligated to reflect on this new statute concerning images and travel.

The work establishes an imposible dialogue between Chris Marker and Guy Debord. The relation, unheard of between them, provides an unexpected contrast for my own narrative.

It is not to be seen as an academic essay, but one that is furiously vital, and autobiographic. The external references are nothing more than projected shadows, shrouding my own reality. Every image has been shot and lived first hand, and every step in this journey walked with awareness of an almost desperate search for the way back to Ithaca; a home for everyone and no one.

Visually, I try to uncover the fragile moments trapped in the reality of the day-to-day, to reveal the secret dramas of unknown people. The spontaneous choreography of urban life, set in casual scenes, unfolds before the invisible gaze of the stranger.

This is the chronicle of a time that disappears, shot with the starving love that devours itself, like the memory consumes the memories of whomever is not able to survive. I have tried not to fall into melancholy but load the discourse with the activist strength I have imposed on all my films.

NOTAS DEL DIRECTOR

Todo viaje debiera ser una travesía hacia la verdad. Una verdad interior, reflejada por la imagen de un mundo desconocido, exaltada por la empatía hacia una humanidad extraña y común al mismo tiempo.

Quienes crecimos a caballo entre la era pre-digital y la eclosión de internet, de la globalización, hemos contemplado con estupor la trasformación de esa esencia metafórica del viaje. En mi caso, tras un cuarto de siglo viajando con mi cámara al hombro, el testimonio de dicha transformación se ha convertido en el inquietante paisaje de un mundo devorándose a sí mismo.

En el curso de uno de mis últimos viajes, en Japón, fui informado de que debía desalojar la casa donde nací, en Barcelona. En ella acumulaba el bagaje de estos 25 años de rodar un mundo en transfromación.

Enfrentarme a semejante colección de imágenes, esculpidas con ese amor famélico que languidece sin llegar a su apogeo, me ha costado años de dudas. No ha sido hasta verme cercado por esas circunstancias personales que traspasan los limites de lo simbólico, que he logrado formular un discurso conceptual y cinematográfico para esta obra, como rescate de la memoria, en un tiempo de olvido y fuga.

La elección de Sans Soleil de Chris Marker como referencia central no ha sido casual. Más allá de su más que obvia inspiración para cualquier cineasta, dialogar con la obra de Marker me ha permitido establecer esa mencionada crisis de sentido en el viaje. Asimismo, la mirada transcultural que ejercita Marker en San Soleil, así como su recorrido geográfico, resultaba simétrica a la que ido atravesando durante estos 25 años de viaje, entre el infinito y la nada.

La obra dialoga a su vez con otro director a quien debo, no solo la parte teórica sobre la función social del arte y del cine más allá del mercado y de la lógica del espectáculo, sino el arte de viajar “a la deriva”. Me estoy refiriendo a Guy Debord.

La relación, insólita por inexistente, entre Marker y Debord, sugería un contraste enriquecedor e inesperado para mi propio relato, ya que se trataba de dos visiones profundamente interiorizadas. Una y otra voz me permitían bascular entre ese infinito, naufragar en esa nada. La abstracción teórica frente al experimentalismo vivencial. La inquietud del activista ante la serenidad del observador. La aniquilación del sujeto frente a la reconstrucción del mismo. La voz vitalista contra el eco suicida.

No se trata no obstante de una ejercicio académico, sino rabiosamente vital, autobiográfico, en el que las referencias externas no son sino sombras proyectadas, inevitablemente sobre la propia realidad. Cada imagen ha sido rodada y vivida en primera persona. Cada paso en esta viaje ha sido andado en pura conciencia de una búsqueda, casi desesperada, del imposible camino de regreso a esa Ítaca como hogar de todos y de nadie.

Esta es en suma la historia real de un director que perdió su hogar, y partió sin billete regreso, llevando únicamente consigo el bagaje de la obra de una autor maldito, la bitácora del más joven cineasta octogenario y su propia urgencia por violentar el consenso sobre el olvido que embarga al hombre moderno.

Este es la crónica de un viaje de vuelta a casa, cuando ya no hay casa a la que regresar.